Me ha costado al menos una hora rescatar este blog del olvido. No me acordaba ni de la dirección, ni con qué correo lo registré, ni de la clave que le di. Pero hoy tenía muchas ganas de escribir, desde hace tanto tiempo sin hacerlo. De nuevo son las tres de la mañana. Y si por algún motivo no quería perder este blog, era por lo significativo del dominio que lo bautiza.
Hoy es noche de un miércoles cualquiera del mes más incómodo del año, septiembre. Ese mes que parece un domingo largo y extraño, lleno siempre de novedades, de cambios, de finales agridulces y de principios inciertos. En este contexto temporal me encuentro yo ahora, sentada en el sofá de mi casa sin más compañía que la bombilla de bajo consumo de Ikea y del ruido suave de la M-30 a estas horas. De pequeña, cuando no podía dormir, me imaginaba que el arrullo del trasegar ligero de los coches a estas horas era el sonido del mar tranquilo al fundirse con la playa, y así me dormía yo, soñando con la costa en pleno centro de Madrid.
Realmente no sé cuál ha sido el motivo por el que precisamente hoy he decidido volver a escribir una entrada en este blog polvoriento y abandonado. Las últimas veces tuve la necesidad de contarle al vacío el dolor que me causaban unas ausencias muy importantes en mi vida. Este verano me vino otra tercera muy de sorpresa. Y es cuando una ausencia llega tan inesperadamente que llegas a pensar mucho si realmente es una ausencia o es una ilusión de ausencia. Es algo así como si realmente no hubieras perdido a esa persona, como si siguiese ahí, cuando en verdad te ha impactado mucho más su adiós que las otras dos veces, y ha sido más duro. Quizá sea una manera de equilibrar el sufrimiento, de que esa ilusión de ausencia mitigue el golpe del impacto que causó su pérdida.
¿Ves? Finalmente sí sé cuál es el motivo por el que hoy he decidido escribir, aunque ciertamente lo he sabido desde el principio. Mi tercera ausencia. Mi tercer pilar importante en mi sustento se ha venido abajo y eso no hay puntal que lo consiga aguantar como antes. Pero no voy a decir mucho más de lo que les dije a mis otros dos pilares caídos, puesto que sería repetirme. Solo te pido de herencia toda tu personalidad y tu actitud tan agradecida y positiva hacia la vida. Y no te digo más, porque ya lo sabes todo, chicote.
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Son las tres y media y empiezo a crear mi propia filosofía. Empiezo a escribir cosas que solo tienen sentido en mi cabeza, y el texto se convierte en algo complejo y objetivamente en un sinsentido. Pero creo que es lo que realmente busco al escribir a estas horas. Un desahogo de incoherencias conexas con el mundo. Debo retomar esta costumbre, prometo no ser tan monotemática. No sé hasta qué punto es bueno o es malo que la muerte sea mi principal fuente de, si no es inspiración, mi impulso para escribir. Espero hacerlo de manera más habitual, intentemos que desde un punto de vista más positivo. Yo ya he pedido mi herencia, espero recibirla pronto, eh?
Finalmente, las 4. Se rompió el hechizo
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