Era improbable. Demasiado, sus amigas lo sabían. Ella también, pero aunque la evidencia predominaba sobre las inocentes fantasías, ella guardaba en sí misma, sin que nadie sospechase, la esperanza de que algún día sucediera.
La vida no le había tratado bien en este aspecto. Estaba acostumbrada a ver sonreír a sus amigos más cercanos, y ella lo celebraba a su lado, pero no se vislumbraba el momento de celebrar una sonrisa propia.
Sí que hubo ciertos momentos en donde parecía que su suerte decidía cambiar.
Quizás viraba un poco, se encaminaba hacia una ruta más esperanzada, pero no dejaron de ser amagos.
Las cosas siempre volvían a su punto de partida sin que ella pudiera poner remedio.
No así era su suerte en el ámbito de las amistades. Ella contaba con unos amigos como pocos podía haber, y en ellos encontraba casi todo lo que podía necesitar.
Un día de verano le conoció a él.
A ella le pasó bastante desapercibida su presencia, a pesar de compartir con él un reducido grupo de amigos.
Fue cuestión de tiempo, quizás un día o dos, y ella comenzó a trabar una primera relación con él, un pequeño acercamiento, en donde se dice que las primeras impresiones fueron harto positivas entre ambos.
Al cabo de unos pocos días más, ella comenzó a ver a su nuevo amigo de una manera distinta, y esto le incomodaba bastante, porque conocía esa maldita sensación y de sobra sabía que nunca en la vida le trajo nada bueno sino mas que un puñado de chascos.
A pesar de eso, perseveró.
Él se fue, era un personaje pasajero en una historia de verano como en muchas otras.
Ella, sin embargo, preservó su interés en mantener contacto con él, y así lo hizo.
Sabía que él conservaba a su lado a otra chica. Sabía que ella no podía competir contra eso.
Lo sabía sobradamente.
Pero siempre cayó en el mismo error. Era una especie de costumbre que por desgracia ella no atinaba a perder.
Conversación tras conversación y palabra tras palabra, ella se sumía cada vez más en la impotente situación de querer estar a su lado y no poder, y la intensidad de este deseo se incrementaba, trayendo tras de sí un sentimiento de vacío que en el fondo era lógico debido a las circunstancias dadas.
Él llegó a perseguirla en sueños cada noche.
Pero era improbable. Demasiado.
Nada más lejos de la realidad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario