miércoles, 3 de junio de 2009

Deberes de verano


Una coca-cola bien fría en la mesa. El sofá que aún sin tener ojos, ha visto más de lo debido. Y sólo algo más, un par de folios y un bolígrafo con la tinta suficiente como para tenerlo un rato entretenido.

Recapacita unos minutos y fija tu vista en el blanco papel. Escribe todo lo que se te pase por la cabeza en ese momento: un pájaro que pía, unas sillas vecinas que se mueven, un trago a la coca-cola.
Ahora, profundiza y escucha a tu interior: un corazón que bombea, un pecho que respira, un suspiro. ¿Qué más? Algo más tiene que haber.

Deseos. Sentimientos. Frustraciones. Alegrías. Y recuerdos.

Altas horas de la noche, con paso lento y de la mano, no hay frío y sin embargo alguien rompe el hielo del agua congelada de una fuente y se moja.
Una carrera desastrosa en una noche de verano diferente de las demás. Estas cosas nunca antes habían pasado, ¿sabes?
Una nochevieja distinta a las anteriores, quizá más breve, quizá mas especial.
Un sofá, una caja entera de pollo que todavía puede esperar.
Un beso, el primero. Igual de dulce que el último.

El día en que apareció el kilómetro cero y a partir de ahí, todo lo demás.