
Las ganas de vivir se multiplican por ocho y se dividen entre uno.
Y esa es la verdadera fórmula de la felicidad. No hay un sentimiento más grande ni más poderoso que el de las ganas de vivir. Es un todo, es abarcar el mundo con algo más que los brazos.
Afortunado o afortunada del que cada día se levanta con el pie que le dé la gana porque le importan un bledo los cuentos chinos. Y camina sin pisar las franjas de los pasos de cebra, y pasa un gato negro y le hace la reverencia y le invita a un café quizás. Y si rompe un espejo se compra otro más bonito todavía, y encima su imagen en el reflejo es tres veces más atractiva. Y pasa por debajo de un andamio y saluda a los obreros alzando la vista. Y en su casa coge el paraguas más grande que tiene, lo abre, se mete debajo y riega las plantas. Y se le derrama la sal y con ella hace un dibujo en la mesa. Y en vez de tocar madera, toca el clarinete.
Y un viernes trece decide salir a celebrarlo y se va a un concierto.
Colega, cómprate un muñeco vudú y llévalo de fiesta contigo.
¿Por qué no? :)